Encuentro #217: El otro brillo.

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Es un lugar apartado de todo, muy alejado, una planicie yerma donde la tierra no es tal, donde el cielo luce tonalidades violeta profundo y las estrellas le infunden brillos de amatista. Recortando este páramo ancestral, fuera de foco en el horizonte se insinúa una cadena de cerros de muy baja altura que le aportan una sensación de límites sin quitarle el sutil encanto de la incógnita infinita. Pero de tanto en tanto algunas protuberancias procuran mantener el interés del visitante y aunque todas son similares, a la distancia una de ellas posee un brillo cautivador. Este brillo entre delicado amarillo y de pureza blanca emerge del yermo naranja rojizo de la no tierra sin diluirse en el polvo ni se atenuarse con la distancia, suave, no alcanza su potencia para quitarle al páramo su semioscuridad acogedora. La luz difusa existe en esta atmósfera sin delatar la ubicación de su fuente, prevalece con la nitidez del día diáfano pero con la intensidad de la noche estrellada.

Instintivamente me dirijo hacia el brillo, volando el paisaje se mueve lentamente pero las extensiones atravesadas son grandes, no se oye sonido alguno, no hay eco en este páramo, ni la propia respiración puede distraerme. Al acercarme al brillo pude observar que provenía de una posición aledaña a una de las protuberancias, su fuente parecía ser una especie de niebla. A medida que me acercaba a él pude notar más detalles, se trataba de una entidad de proporciones enormes flotando cercana a la protuberancia, su forma incorpórea se condensaba en nieblas y nubes que se movían con la delicadeza de las plumas en la brisa pero con la gracia de las aletas de un pez betta en un estanque tranquilo. Todas estas nubes recorrían su forma atravesando símbolos que flotaban en su esencia, símbolos que jamás había visto ni vuelto a ver. De color dorado resplandecían con su propio brillo sin interferir con el brillo de las nubes y tampoco derramaban este brillo en ninguna parte, era como si la luz de este ser pudiera verse pero no transmitirse, el suelo y la protuberancia no se teñían del color de la luz de las nubes ni de sus símbolos. Pude dilucidar una forma insinuada en la entidad y me pareció que podría comunicarme con él, oí su voz cavernosa y grave, profunda, pero no pude distinguir su origen. Se que este ser emitía su voz pero no había boca que pronunciara las palabras, palabras en un idioma completamente ajeno a los idiomas modernos, las inflexiones eran secas y cortadas, las palabras duras y breves. Sentí que me advertía pero me concedía permiso a la vez. Mi atención se dirigió a la izquierda, a la protuberancia, una pequeña oquedad parecía albergar otro brillo dentro. Al acercarme pude notar que la boca de esta oquedad estaba cruzada por algo parecido a las columnas que se forman por la unión de estalactitas y estalagmitas. Esta formación extrañamente se da en la misma boca de una caverna, lo que me hizo pensar que estaba frente algo antinatural, algo intencional. Detrás de estas columnas pude ver el otro brillo, este se percibía más pequeño y sin intensidad, era de color blanco pero con algún tinte mas tirando al verde o al celeste. Al igual que el ser de la entrada, este pequeño estaba formado por niebla y tampoco su brillo teñía las paredes de la caverna. Intenté comunicarme con este brillo pero a diferencia del anterior, este no emitía sonidos, se limitaba a cambiar brevemente su morfología y a insinuar alguna idea de persona, al cabo de unos intentos se manifestó en su forma una pequeña niña, lucía triste, tímida, vestía una especie de banda de tela que cubría su frente. Aunque su forma me evocaba esta imagen de la niña triste su esencia seguía compuesta de niebla y sus colores no habían cambiado. Sentí un poco de recelo y quise insistir con la comunicación verbal, no puedo imaginarme ahora para qué si los idiomas del páramo eran desconocidos para mí, me adelanté un poco hasta la entrada de la caverna. Aún me encontraba fuera, en el borde de las columnas, la niña se adelantó con timidez y cuando estuvo mas cerca se abalanzó sobre mí con intempestiva fuerza, en el salto pude ver transfigurarse su rostro tímido en facciones de adulto, su expresión de ternura se desfiguró en una imagen de furia contenida y se reveló su engaño. Comprendí que este brillo era cautivo en esa protuberancia, y que el brillo externo cumplía la función de guardián. No pude dilucidar las intenciones del brillo cautivo, pero me temo que no sean buenas y si es requerido un guardián además del cautiverio es porque puede escaparse.

La intensidad del encuentro activó mis fibras de supervivencia y en un instante volví a mis pagos naturales, mi cuerpo tiritaba un poco y lágrimas se derramaban de mis ojos. Las reacciones de mi cuerpo eran incontrolables, yo estaba seguro en el confort de los brazos de mi amada y el césped húmedo debajo de mi espalda, mi conciencia tranquila y mis emociones ya calmadas, pero mi cuerpo todavía no se tranquilizaba, como si los gatillos hormonales se hubieran desconectado de la situación presente, como si todavía estuviera casi en las garras de aquella entidad preternatural.

La imagen anterior es lo más cerca que estuve usando los 30 créditos iniciales de DALL-E, la verdad no está ni cerca, todavía le falta mucho a la IA y a mi para usarla también.

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